jueves, 13 de marzo de 2008

Historia de la Higiene Capilar El Champú


La función principal de un champú consiste en eliminar la grasa o sebo natural de los cabellos, pues esta grasa es la causante de que la suciedad y los productos de peluquería se adhieran con tanta tenacidad al cuero cabelludo. El jabón corriente no es adecuado para este fin, ya que deposita en el pelo su propio poso.

El lavado del pelo es fácil para los detergentes, pero estos productos no fueron descubiertos hasta finales del siglo pasado, y no empezaron a fabricarse en cantidad apreciable hasta la década de 1930. ¿Cómo se lavó el pelo la gente a lo largo de los siglos? Los antiguos egipcios introdujeron el uso del agua y el zumo de limón, pues el ácido cítrico descomponía efectivamente la grasa sebácea. Las preparaciones caseras a base de limón, aromatizadas y ocasionalmente mezcladas con pequeñas cantidades de jabón, gozaron de popularidad durante siglos.

A fines de la Edad Media, apareció en Europa una alternativa, similar al detergente. Consistía en hervir agua y Jabón con sosa o potasa, con lo que se conseguía una mezcla con alta concentración de iones hidroxilos negativamente cargados, o sea la base de los buenos champúes modernos. Semejantes al champú pero más próximos al jabón, estos productos eran de elaboración casera y sus fórmulas pasaban de una generación a otra. Irónicamente, la palabra “champú” tuvo su origen en Inglaterra casi al mismo tiempo que los químicos alemanes descubrían los verdaderos detergentes que se convertirían en los modernos champúes. En la década de 1870, el gobierno británico, tras hacerse con el gobierno de la India desplazando a la East India Company, que hasta entonces había administrado aquel subcontínente, reconoció de modo paulatino a los nativos una mayor intervención en los asuntos locales. Las modas y el arte de la India, así como las frases en hindú, se pusieron de moda en Inglaterra, y por esos años los peluqueros británicos más al día acuñaron la palabra shampeo, del hindú champo, que significa “dar masaje”.


Sake Dean Mahomed 1759 - 1851, importó la palabra a europa.


El champú no era un líquido embotellado que se pudiera adquirir en las tiendas, sino un masaje jabonoso para el cabello y el cuero cabelludo, del que sólo disponían las peluquerías británicas más elegantes. Los champúes en sí, cuyas fórmulas eran secretamente custodiadas por cada salón, se preparaban en el propio establecimiento, variando los ingredientes tradicionales: agua, jabón y sosa. Técnicamente, el primer champú tipo detergente fue producido en Alemania en la década de 1890. Cuando, concluida la primera guerra mundial, el producto se lanzó al mercado como preparado comercial destinado a la higiene del cuero cabelludo, el nombre “champú” ya lo estaba esperando.

Un hombre llamado John Breck ayudó a activar el negocio del champú en Norteamérica, conviniendo su combate personal contra la calvicie en una empresa provechosa.

A principios del siglo XX, Breck, que entonces contaba veinticinco años de edad y era el capitán de un cuerpo de bomberos voluntarios, en Massachusetts, empezó a perder el cabello. Aunque varios médicos de Nueva Inglaterra le aseguraron que no había ninguna cura para la calvicie, el joven bombero, apuesto y vanidoso, se negó a aceptar este, pronóstico. Conservar los cabellos que le quedaban llegó a convertirse para él en una obsesión. Fabricó en su casa preparados para tonificar el cabello, y puso en práctica varias técnicas de masaje del cuero cabelludo, hasta que en 1908 abrió en Springfield un centro de tratamiento, Después de adquirir popularidad sus champúes en las peluquerías y salones de belleza locales, Breck amplió su línea de productos para el pelo y el cuero cabelludo, así como también el área geográfica de su mercado. En 1950, lanzó un champú para cabellos normales, y tres años más tarde otros champúes para cabellos grasos y secos. Al finalizar esta década, la red comercial de Breck cubría toda la nación y él se había convertido en el principal productor de champues en todo el país. Pese al éxito de todos sus preparados, ninguno fue capaz de atajar su progresiva calvicie.

Del libro "Las cosas nuestras de cada dís" de Charles Panati


Copiado y pegado de la interesantísima pagina de Víctor Novellón.

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